Entre todos los apasionados al mundo del motor hay una pregunta que siempre nos hace pensar ¿el pasado es mejor?

Detrás de esta pregunta encontramos polos opuestos en cuanto a la respuestas, por una parte estamos los nostálgicos de los coches clásicos cuya existencia nos transporta a una época en la cual, cada marca de coches trataba de hacer vehículos que dejaran de un solo golpe a todos sus competidores atrás. De esta manera nacieron vehículos que pasaran a la historia del automóvil y que marcaran una época en sus distintas décadas, así como otros muchos menos glamurosos o elegantes que dejaran su sello en el corazón de muchos, unas vacaciones en familia, un viaje con amigos y un largo etcétera de vivencias que perduraran en las memorias para siempre.

Por otro lado tenemos a los defensores de los coches actuales, que siendo realistas superan en todo a los vehículos de otras generaciones (menores consumos, mejores prestaciones, mayores opciones a bordo y por supuesto más seguros), aunque para algunos faltos de personalidad, y en parte razón no les falta porque si nos fijamos detenidamente todos los vehículos actuales se parecen sospechosamente.

Por otro lado tenemos de moda el concepto SUV, no es un todoterreno, no es un turismo, no es un monovolumen, ni una furgoneta, ¿entonces qué es?. Pues parece ser un término medio de entre todas las opciones de vehículo detrás descritas, supongo que el mercado manda y de hecho todos los fabricantes están dedicándose a fabricar SUV y dejando las berlinas a las marcas Premium y los deportivos a marcas elitistas.

Recuperando el punto inicial, los coches de nuestra infancia tienen su propia personalidad, quien no se ha girado en la calle al paso de un 600, o se ha acercado al propietario de un escarabajo y le ha dicho “esta precioso enhorabuena” o hemos recordado el R12 de nuestro tío, y sinceramente eso con un Renault Clio actual no pasa, ni pasara.

Recuperando el concepto de coche actual tomaré prestadas unas palabras de un amigo que es propietario de un precioso 205 GTI. Nos contó su experiencia cuando le dejaron para probar un 208 GT y comentaba, “anda mucho más que el 205 pero transmite mucho menos”, y eso desgraciadamente o afortunadamente es la realidad de la vida, yo lo resumiría en una frase, “Los vehículos nuevos son estupendos pero les falta alma”.

Y si extrapolamos este concepto al tema competitivo ya la diferencia se intensifica. Recordamos los Grupo B del mundial de rallyes y nos emocionamos, o lo que es mejor nos colocamos al lado de un Lancia S4 y ese coche parece susurrarnos “chico acércate que te voy a contar una historia”, y tú lo ves allí aparcado y sientes un gran respeto por ese “artefacto” que tienes delante.

A quien no le suenan Walter Rohrl, Michele Mouton, Stig Blomqvist entre otros muchos, o simplemente nuestro “matador” Carlos Sainz recientemente elegido como el mejor piloto de la historia, sinceramente no veo a ninguno de los actuales pilotos del WRC tener ese aura de Dioses como tenia esta gente.

Y por no hablar solo de los vehículos, solo tenemos que acudir a las cunetas de un rally del nacional de asfalto o a un rally legend, para ver la gran diferencia de asistencia que genera uno con respecto al otro, y todo radica en los recuerdos, estar esperando en la cuneta para ver pasar aquel 131 abarth y que inconscientemente se te vengan a la mente esas imagines de cuando tu padre era uno de esos aguerridos pilotos que sin medios eran capaces de jugarse la vida para ganarle un segundo al cronometro, eso no tiene precio. Otra sensación única es poder ver a un “señor” llamado Bernardo Cardín a sus 80 haciendo las delicias de todos los presentes a bordo de su Lancia 037, insisto, no tiene precio.

Y para terminar recomiendo encarecidamente a quien pueda acudir a ver un rally legend, que lo haga, su mente, su corazón y su espíritu se lo agradecerán eternamente.

Alejandro Fernandez (Turbofamily)