En las próximas publicaciones me voy a salir un poco de la norma general de hablar de manera más o menos habitual de explicar las características de cada coche. Mi objetivo va a ser explicar desde mi punto de vista lo que me transmite un coche sentado detrás del volante.

Hoy voy a empezar hablando de mis sensaciones a bordo de nuestro Citroën Ds23 “tiburón”.

Tras abrir la puerta del conductor y sentarme en su asiento lo primero que me llama la atención es la comodidad de este, es una butaca enorme de tela de color marrón clarito que es muy acogedora y que enlaza prácticamente con el asiento del acompañante. Otra cosa que noto es que bajo mis pies la moqueta es muy gruesa y da sensación de esponjoso. Al mirar hacia abajo me doy cuenta que el coche tiene el pedal de acelerador y el de embrague y que en medio de ellos hay un “botón” con forma de seta que es el freno, y más a la izquierda pegado al paso de rueda, otro pedal más grande que es el freno de mano.

Levantando la vista, están las llaves metidas en el clausor, a la parte izquierda del volante. Giro la llave y en el cuadro se encienden cuatro luces, una que parpadea con un pedal dibujado que me indica que esta el freno de mano puesto, otra con un logotipo de batería, otro con la aceitera que muestra la presión de aceite y uno enorme que pone STOP, que es el que muestra que la presión del circuito hidráulico no está aún funcionando.
Además de la vista, también me choca escuchar un ruido que proviene de debajo de las puertas del lado del acompañante. Se trata de la bomba de gasolina.

Le doy a la puesta en marcha, el coche arranca al primer impulso, se apagan todas las luces del cuadro, el alternador carga, tenemos presión de aceite y soltamos el freno de mano con la palanca a la izquierda del volante, pero la luz de stop no se apaga, que ocurre? A los pocos segundos se apaga y el coche se empieza a levantar de la parte trasera, como si estuviera haciendo una reverencia a la carretera por la que debe de salir, para a continuación levantar el morro y pensar que te dice “estamos preparados”.

El retrovisor central está sobre el salpicadero, la visibilidad es excelente, el mando de luces esta ala derecha del volante, curiosamente a la izquierda hay dos palancas, una delante y otra detrás. Delante tenemos la de intermitencias y claxon y detrás las de los limpiaparabrisas, que la verdad está un poco a desmano. Sobre el tablero tiene botones de encendido de plafón interior, el ventilador de la calefacción y una cosa muy curiosa que es la luz de travesía, para cuando se dejaba el coche aparcado en una calle por donde pasaba el trafico iluminar el costado más próximo a la carretera y el detalle final un reloj horario para llegar siempre a tiempo.

El cuadro de instrumentos tiene buena visibilidad. En el, él cuentakilómetros y el cuentarrevoluciones. En el tacómetro hay otras marcas internas que te dan la distancia de arret (frenado) en función de la velocidad a la que se circula. Temperatura de agua y aforador integrados.

Observado todo esto y puesto todo en su sitio nos ponemos en marcha. La palanca de cambios manual se encuentra detrás del volante y es una auténtica delicia. Las marchas entran suavemente y el embrague está perfecto. Un detalle curioso es que circulando en línea recta el volante monobrazo está señalando, siguiendo un símil horario a menos veinte. Esto se ponía así para en caso de accidente no clavártelo en el cuerpo.

El coche con 130cv responde bien, se mueve con agilidad en el tráfico moderno, la suspensión es maravillosa y la experiencia de conducción es muy agradable, incluso el apoyabrazos central es muy cómodo para ir disfrutando del paseo.

El freno, que al principio nos parece muy raro se vuelve muy intuitivo y tras un pequeño tiempo de adaptación se convierte en una solución que funciona muy bien para el conductor además de ser muy eficiente. La frenada es uno de los puntos fuertes del coche, también la dirección que al ser gestionada con la hidroneumática te permite maniobrar con este escualo de manera excepcional.

Profundizando un poco más en la suspensión hidroneumática, solo puedo decir que es extraordinaria. El coche pasa badenes, cambios de rasante y baches en general de manera increíble. Me llama la atención también que a pesar de ser blando no se inclina mucho en las curvas y tiene un paso por ellas increíblemente rápido.

El coche de 1974, con la inyección electrónica es brillante, en cuanto a diseño y prestaciones que le hacen mirar de tú a tú a muchos coches de la actualidad. El motor que va colocado por detrás del eje delantero es ruidoso si lo comparamos con los coches de la actualidad ,pero que más da, suena de maravilla.

En definitiva, en mi modesta opinión el Citroën DS sigue siendo un coche que se adelantó a su tiempo y que hoy en día hace volver las cabezas tanto de los entusiastas de los clásicos como a los que no lo son, es un coche que marcó una época y que a día de hoy y sin miedo a equivocarme es y seguirá siendo el buque insignia de la marca Citroën durante toda su historia. Para muchos es el coche más bonito del siglo XX y para mi desde luego, lo es.

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